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Los escritores, entre los trabajadores peor remunerados

La industria editorial al descubierto
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La industria editorial al descubierto

Por Rafael Morán Bernaldo de Quirós
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rafaelbernaldodequiroscom/6/6/23
www.rafabernaldodequiros.com
lunes 12 de octubre de 2015, 14:18h

Desde hace unos años, la crisis económica que ha azotado al sector ha llevado a la industria a aupar ciertas temáticas con el fin de mejorar los ingresos. Es por esto que, por ejemplo, sólo el 14% de los libros para niños en Estados Unidos durante el 2014 versaban sobre personas "no-blancas", tal y como ha revelado un estudio.

Ciertos ámbitos de la sociedad han alzado su voz para pedir a la industria editorial tradicional más ecuanimidad. La desigualdad se hace patente título a título en un momento en el que las grandes corporativas elevan a ciertos autores y temáticas.

El hecho de centrar una industria cultural en el lucro, con la enorme importancia social que conlleva, supone dilapidar la calidad por la comerciabilidad del mínimo común denominador.

Pese a que es uno de los sectores que más ha sentido la crisis económica, sus ganancias siguen siendo estables. El mercado editorial de Estados Unidos aún tiene un valor de 30 billones de dólares, destacando el papel de Amazon, con un ingreso anual de 5.250 millones de dólares por venta de libros.

Mientras el número de librerías independientes ha disminuido hasta la mitad en las últimas dos décadas, los monopolios informativos se hacen más fuertes. En 2013, Random House y Penguin Group se fusionaron, formando Penguin Random House. Random House, sin embargo, es propietaria del conglomerado de medios Bertelsmann (que compró en 1998), mientras que Penguin es propietaria de Pearson, que también posee el Financial Times.

Los analistas consideran que Penguin Random House controla alrededor de un cuarto del mercado de libros a nivel global. Por su parte, HarperCollins fue comprado por Rupert Murdoch News Corp en 1987, y en 2014, News Corp compró también la editora Arlequín. También tenemos a Thomson Reuters, propietaria de los editores de libros jurídicos West y Sweet & Maxwell.

Los trabajadores "más explotados"

Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos señala a los escritores como los trabajadores más explotados en términos de remuneración por proporción de tiempo.

El informe explica además que los autores de ficción son los que trabajan durante mayor tiempo sin remuneración y sin ningún tipo de derecho laboral. Si consiguen publicar su libro finalmente, se llevarán sólo el 7% del precio de venta, cifra que puede aumentar hasta el 12% en el caso de que sean ya escritores consagrados.

Los autores debutantes parecen no tener cabida en este mercado, donde es el propio autor el que lleva el peso de la promoción, a excepción de un puñado de editoriales.

Lo original no vende

Los libros más controvertidos, que utilizan nuevas técnicas narrativas o que se valen de personajes que se salen fuera de lo común lo tienen difícil en esta época en la que temas como la mujer, los inmigrantes o los derivados del colectivo LGTBI no casan con las necesidades de los lectores.

Sólo el 0,01% de títulos de ficción representan la mitad de las ventas del sector, y el 0,1% llega al 80% de los ingresos totales. Otro dato que se desprende de esta investigación es que en 2014, sólo el 14% de los libros infantiles o juveniles versaban sobre personas "no-blancas", pese a que la población de color roza el 38% según el "Cooperative Children’s Book Center".

El Fondo Nacional de las Artes de Estados Unidos señala además que a pesar de que las mujeres leen y compras más, sus títulos apenas alcanzan el 20%. De todas las mujeres escritoras apenas la mitad llega a presentar su obra terminada a los editores, algo que reflejaba VIDA en 2012, cuando contaba hasta 216 autores masculinos con críticas de sus libros en el "New York Review of Books", frente a 89 autoras.

La UNESCO tampoco se mantiene al margen y ya el año pasado explicaba que en los Estados Unidos se publicaron más de 300.000 obras y ediciones en 2013, mientras que en Reino Unido se llegaba casi a los 185.000 en 2011, en comparación con los 250 de El Salvador en 2003 y los 14 de Malí en 1995.

La desigualdad que profesa la cultura en la actualidad nos puede llevar a sentimientos encontrados en cuanto a nuestros semejantes, algo que puede calar en la conciencia de los más pequeños. No solo vemos estos prejuicios en el mundo editorial, también el cine, la música o el arte demuestran, año tras año, que las vallas de la vergüenza no sólo se colocan indiscriminadamente de forma física, pues muchas veces nosotros mismos también participamos de ello sin quererlo al elegir una u otra obra o autor.

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